Los tatuajes y los piercings lejos de ser una invención del mundo actual forman parte de muchas culturas antiguas que fueron desarrollando su particular forma de tatuar como son la cultura maorí, japonesa y la azteca, entre otras, donde los tatuajes representaban ideas como: la iniciación a la vida adulta, pertenencia a un nivel social dentro de una comunidad, elementos decorativos que exaltaban la belleza e incluso se utilizaban como premios al alcanzar un logro. 

Aunque las tatuajes no han hecho más que coger popularidad en estos últimos años y son más las personas que se suman a este arte, es cierto que siguen existiendo prejuicios bastante arraigados hacia la gente con tatuajes que pueden incluso, perjudicar laboralmente a una persona que lleva tatuajes frente a otra que no los lleva. Si nos centramos en el ámbito laboral, el problema fundamental que nos encontramos con los tatuajes es la percepción social que sigue ligada a ellos. Antiguamente los tatuajes se asociaban a gente poco recomendable, como por ejemplo los presos, sin embargo mucho ha llovido desde esa época en la que los tatuajes se asociaban a presos y bandas. Hoy en día, no hay estipulado ningún estándar de persona para realizarse un tatuaje, sino que encontramos toda clase de personas y una variedad muy amplia de tipos de tatuajes desde tatuajes pequeños, tatuajes grandes, tatuajes a color, dotwork y un gran abanico de estilos de tatuajes puesto que el número de gente que se ha unido a este arte no hace más que crecer.

Pero es cierto que no a todo el mundo le entusiasma ver tinta en la piel, sobretodo cuando se trata del ámbito laboral. Según el periódico ABC, la percepción sobre los tatuajes en el ámbito laboral varía según el sector. Hay sectores más permisivos que otros, por ejemplo, en la hostelería se defiende la necesidad de crear una buena imagen del local y frente a los clientes. En otros sectores como la sanidad, en la que los empleados se enfrentan a situaciones complicadas, las modificaciones corporales sí que influyen a la hora de realizar una contratación, tal y como afirma Florentino Díez, director de recursos humanos del grupo HM Hospitales en ABC. También encontramos casos muy similares en el sector de la banca donde el código de vestimenta de los empleados es más estricto y suelen vestir con traje de chaqueta acorde a la política de la empresa, en este caso, suele ser impensable que los empleados lleven algún piercing o tatuaje a la vista.

Ana Carreras, directora técnica de ESO y Bachillerato en el Colegio Altamira ubicado en Madrid, también declaró para ABC que las modificaciones corporales sí que suponen un factor a tener en cuenta aunque no determinante como en otros sectores. La decisión depende de los llamativos que sean. Este caso Carreras, defiende que sí una persona está cualificada no dejaría de contratarla, pero en igualdad de condiciones seguramente contrataría a la persona no tatuada.

Si vamos al ámbito deportivo, muchos de los deportistas por ejemplo de fútbol o baloncesto llevan tatuajes y no está reñido con su profesión, puesto que lo importante no es la imagen sino su capacidad y lo calificado que esté la persona para el puesto.

Si consideramos todo lo anterior, podemos ver que en la actualidad tener tatuajes o no tenerlos sigue importando según determinados sectores a la hora de encontrar un empleo. Aunque cada vez más la presencia de los tatuajes se va integrando en la sociedad todavía prima la importancia de tener “buena presencia física” para conseguir un empleo. Lo que está claro es que los tatuajes tienen cada día mayor popularidad por lo que la sociedad tendrá que evolucionar y adaptarse a los cambios sociales.

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